Psicologia Cognitiva

Psicologia Cognitiva
Este articulo es tomado de una publicación del Periódico El País del 19 de Septiembre de 2010
"En las crisis, el corazón se rompe o se curte" (Honoré de Balzac)

Lo único que no cambia es el cambio.

La vida es movimiento; de lo contrario, estaríamos muertos. Sin embargo, nos cuesta afrontar novedades, salir del confort. Hasta que llega el caos en forma de crisis existenciales.
Metidos en la experiencia de la dualidad, los humanos nos debatimos entre el orden y el caos. Como predijo Heisenberg en el Principio de incertidumbre, no se pueden predecir los acontecimientos futuros con exactitud si ni siquiera se puede medir el estado presente del universo de forma precisa. Dicho de otro modo, no sabemos, ni podemos, controlar lo que sucederá dentro de nada. El control solo es una falsa ilusión con la que algunos se quedan algo más tranquilos.
Si todo estuviera siempre ordenado, no existiría la creatividad, ni el cambio, ni la curiosidad. Ni tan siquiera la tarea de ordenar. Permanecer en el orden le hace a uno rígido, inalterable, previsible y hasta obsesivo. Claro que, a su vez, el orden confiere seguridad, permanencia, especialización y estabilidad.
Vivir siempre en el caos o en el orden más absoluto es agotador. Por eso, la clave es encontrar orden en el desorden tal y como proclaman los partidarios de la Teoría del Caos, o como comprueban a diario todas la madres que intentan ordenar la habitación de sus hijos.
Todo tiene su función
Muchos hemos experimentado lo dramáticamente juguetona que puede llegar a ser la vida; pone en desorden aquello que creemos tener ordenado hasta la perfección. Cuando afecta a nuestra identidad, hablamos de crisis existenciales.
Se caracterizan por un estado letárgico y oscuro del que parece que no saldremos jamás. Nos hacen sentir incapaces de tomar decisiones. No hay claridad, no hay futuro. Sin embargo, las crisis existenciales tienen su función. Advierten que hemos postergado nuestra evolución en aras de la seguridad, el placer o la falacia de eternidad que a veces adjudicamos a los objetos y también a los sujetos. En segundo lugar, sirven en bandeja una lección: es en el caos donde se produce el milagro del aprendizaje. Y en tercer lugar, proporcionan posibilidades, entre ellas, la de reinventarnos.
Diferentes crisis, toda una vida
Porque la vida es movimiento, pasaremos por diferentes etapas que solo podremos resolver surfeando sobre una crisis. Al margen del desarrollo evolutivo, con puntas críticas como la adolescencia, la crisis de mediana edad y la vejez, el propio devenir existencial acarrea estados y estadios de tormentosa búsqueda del ser, de incomprensible desazón vital, de conquista de nuestra libertad y de encontronazo con nuestros límites y condicionamientos.
Cuando cuesta encontrar sentido a la vida, es fácil caer en esos miedos que los existencialistas identifican como falta de deseo y motivación de autorrealización, o sea, el miedo a la muerte. Como narra Ken Wilber, "la muerte es Thanatos, Shiva y Sunyata, y apenas nos damos cuenta de su presencia el terror nos paraliza. En este nivel nos enfrentamos con el terror existencial, con el miedo, con la angustia y con la enfermedad de la muerte".
El mismo Wilber recopiló una lista de nuestras pesadillas existenciales:
  1. Depresión existencial: estancamiento vital ante la falta de sentido de la vida.
  2. Falta de autenticidad: falta de conciencia y aceptación de la propia finitud y mortalidad.
  3. Soledad y extrañeza existencial: un sentimiento de sí mismo suficientemente fuerte que, sin embrago, se siente ajeno a este mundo.
  4. Falta de autorrealización: según Maslow, si eres menos de lo que eres capaz, serás profundamente infeliz el resto de tu vida.
  5. Ansiedad existencial: amenaza de muerte o pérdida de la modalidad autorreflexiva de ser-en-el mundo.
No somos, sino que devenimos
Estos entuertos no sucederían si nos limitáramos a existir. Sin embargo, preferimos vivir. Y al vivir nos convertimos en cocreadores de realidades. No van a parar de suceder cosas porque la vida es cambio, movimiento e imprevisibilidad. Nuestras expectativas son una invitación constante a la frustración y al desasosiego. Topan con otras realidades, incidentes y vidas cruzadas. Cuantas menos expectativas, mejor.
Para mucha gente, esto significa renunciar a las ilusiones. No obstante, cabe preguntarse por la residencia de la alegría, del entusiasmo y la ilusión. ¿Dónde habitan? ¿En el presente o en el futuro? ¿Dependen de nosotros o de los demás? La ilusión por el mañana la vivo ahora y aquí. Mañana, Dios sabe lo que sucederá. Quien habita en su corazón entusiasta, alegre, con ilusión, expande esa energía.
Muchas crisis nacen de tantas ideas preconcebidas, también sobre nosotros mismos. Hay que ir quitándose esas falsas etiquetas de lo que somos, para entender que acabamos deviniendo según nuestras experiencias, relaciones y la consciencia que pongamos en todo ello.
El misterio de vivir
Nuestros escenarios vitales se llenan a menudo de misterios, es decir, situaciones sin explicación. Podemos distinguir la vida, como hizo el filósofo Gabriel Marcel, entre problemas y misterios. Todo lo que es resoluble forma parte de los problemas. ¿Qué ocurre con lo que no tiene respuesta? ¿Cómo interpretar lo que ni tan siquiera alcanzamos a comprender? Como dijo Alan Watts, "la vida es un misterio a vivir y no un problema a resolver".
Las crisis existenciales nos arrojan al misterio de vivir. Ante el misterio solo cabe la fe, que no es más que la entrega a ese misterio con el convencimiento de que abandonarse a su poder acabará siendo beneficioso. No estamos entrenados para vivir en la incertidumbre. Tampoco es deseable una vida en la que solo exista el caos. Todo es cambio. Cuanto más nos resistamos a aceptarlo, probablemente más crisis sufriremos.
"El hombre nunca sabe de qué es capaz hasta que lo intenta" (Charles Dickens)


BIBLIOGRAFIA

http://elpais.com/diario/2010/09/19/eps/1284877612_850215.html

Los Niveles del Procesamiento de la Información

Los teóricos del procesamiento de información ponen en tela de juicio la idea de que todo aprendizaje consiste en formar asociaciones entre estímulos y respuestas. Estos teóricos no rechazan el asociacionismo, pues creen que formar asociaciones entre piezas de conocimiento facilita su adquisición y su almacenamiento en la memoria, pero están menos interesados en las condiciones externas y se concentran más en los procesos internos (mentales) que intervienen entre estímulos y respuestas. Consideran a los estudiantes como buscadores activos y procesadores de información que seleccionan y prestan atención a las características del medio, transforman y repasan la información, relacionan la nueva con los conocimientos previos y organizan estos conocimientos para darles sentido. Los investigadores del procesamiento de información difieren en cuanto a la forma de los procesamientos cognoscitivos de los estudiantes, pero comparten ciertas suposiciones básicas (Klatzky, 1980). Una de ellas es que el procesamiento de información ocurre en las etapas entre recibir el estímulo y producir la respuesta.

El corolario es que la forma de la información, el modo en que se representa en la mente, varía según la etapa, puesto que cada una es cualitativamente diferente de las otras. Otro presupuesto común es que el procesamiento de información del hombre es análogo al de las computadoras, por 10 menos metafóricamente. El sistema humano funciona de manera similar a la computadora: recibe información, la almacena en la memoria y la recupera cuando la necesita. Los investigadores no concuerdan sobre la extensión de esta analogía. Para algunos, no es más que una metáfora; otros, emplean computadoras para simular las actividades del sistema del ser humano. El campo de la inteligencia artificial se interesa en programar computadoras para que realicen actividades como pensar, servirse del lenguaje. En general, los investigadores del procesamiento de la información también suponen que este participa en todas las actividades cognoscitivas: percibir, repasar, pensar, resolver problemas, recordar, olvidar e imaginar (Shuell, 1986). EI procesamiento de información rebasa el dominio del aprendizaje humano tal como ha sido delineado tradicionalmente. En este capítulo nos ocupamos de las funciones que más se relacionan con el aprendizaje: la percepción sensorial, la codificación y la memoria.

Los niveles de procesamiento se ocupan de la memoria según el tipo, y no el lugar, del proceso que sufre la información (Craik, 1979; Craik y Lockhart, 1972; Craik y Tulving, 1975; Lockhart, Craik y Jacoby, 1976). Este punto de vista no incorpora las etapas o componentes estructurales de la MT y la MLP, sino que afirma que hay diferentes modos de procesar la información (niveles de procesamiento): físico (superficial), acústico (fonológico, sonido) y semántico (significado). Los tres niveles son dimensionales; el procesamiento físico es el más superficial y el semántico el más "profundo"; por ejemplo, supongamos que la siguiente palabra que leemos es: ruiseñor. La palabra se procesa en el nivel superficial (digamos, si está escrita con mayúsculas), en el fonológico (rima con cantador) o el semántico (pájaro notable por su canto). Cada nivel representa un procesamiento más elaborado: procesar el significado de ruiseñor amplía más el contenido de la palabra que el proceso acústico, que a su vez lo expande más que el superficial.

Conceptualmente, estos niveles se parecen al registro sensorial, la MT y la MLP del modelo de dos almacenes. Ambas posturas arguyen que el procesamiento se hace más elaborado con las etapas o los niveles sucesivos; sin embargo, los niveles del modelo de procesamiento no reconocen que las tres formas constituyan etapas. En los niveles, no hay que ir hasta el siguiente en busca de un procesamiento más elaborado; la profundidad del procesamiento varía en cada uno. Ruiseñor puede recibir un procesamiento semántico reducido (ave pequeña) o más extenso (sus similitudes y desemejanzas con otros pájaros).

Otra diferencia entre los dos modelos atañe al orden del procesamiento. El modelo de dos almacenes supone que el registro sensorial, la MT y la MLP, procesa la información en secuencia. Los niveles de procesamiento no suponen otro tanto. Para procesar al nivel del significado no es necesario pasar primero por los niveles superficial y sonoro más allá de lo que es preciso para recibir la información (Lockhart et al., 1976).


Los dos modelos tienen también diferentes puntos de vista sobre que procesamiento influye en la memoria. En el de los niveles de procesamiento, entre "más profundo" sea el que procese el dato, mejor será su memoria, puesto que arraigara más su huella. Una vez que un elemento es procesado en cierto punto de un nivel, ningún procesamiento adicional en ese punto mejorara su memoria porque su huella no ses profunda. En contraste, el modelo de dos almacenes asegura que la memoria mejora con más procesamiento del mismo tipo, y predice que entre más se repase una lista de palabras, mejor será recordada.

Hay algunas evidencias en apoyo de los niveles de procesamiento. Craik y Tulving (1975) presentaron palabras a un grupo de sujetos y, con cada una, les planteaban una pregunta destinada a facilitar el procesamiento en el nivel particular. Para el procesamiento superficial, la pregunta era: "¿Está la palabra escrita en mayúsculas?". Para el nivel fonológico: "¿mima la palabra con tren?". Para el procesamiento semántico: "¿Se ajusta la palabra a la oración encontró un en la calle'?". Se controló el tiempo que los sujetos pasaron procesando en los niveles. Los participantes recordaban mejor los elementos que procesaron en el nivel semántico, después en el fonológico y por último en el físico.

La existencia de niveles de procesamiento implica que los estudiantes comprenden mejor lo que procesan a mayor profundidad. Glover, Plake, Roberts, Zimmer y Palmere (1981) descubrieron que hacer que los alumnos parafraseen las ideas de los ensayos que leen aumenta significativamente el recuerdo en comparación con las actividades que no se apoyan en los conocimientos previos (por ejemplo, identificar las palabras claves en los textos). La mera recomendación de leer con calma y atención no los ayudó a recordar.

A pesar de estos hallazgos positivos, la teoría de los niveles de procesamiento tiene problemas. Uno atañe a si el procesamiento semántico siempre es más profundo que los otros. Los sonidos de algunas palabras (kaput) son por lo menos tan expcitos como su significado ("estropeado"). De hecho, el recuerdo depende no solo del nivel de procesamiento, sino también de la clase de tarea de rememoración. Morris, Bransford y Franks (1977) encontraron que, dada una tarea corriente de recuerdo, la codificación semántica produce mejores resultados que una por la rima; sin embargo, si la tarea insiste en las rimas, formular preguntas rimadas durante la codificación lleva a un mayor recuerdo que si las preguntas son semánticas. Moscovitch y Craik (1976) propusieron que entre más profundo sea el procesamiento durante el aprendizaje mayores serán las posibilidades de rendimiento de la memoria, pero que se concreten depende de que las condiciones en la recuperación sean equivalentes a las del aprendizaje.

Otra preocupación con esta teoría concierne a la cuestión de si el procesamiento adicional en el mismo nivel produce un mejor recuerdo. Nelson (1977) dio a un grupo de sujetos una 0 dos repeticiones de cada estimulo (palabra) procesado en el mismo nivel. Dos repeticiones llevaron a un mejor recuerdo, en contradicción con la hipótesis. Otras investigaciones muestran que más repaso del material facilita la retención y el recuerdo, así como la automatización del procesamiento (Anderson, 1990; Jacoby, Bartz y Evans, 1978).

El punto final tiene que ver con la naturaleza de cada nivel. Los investigadores han argumentado que como no tenemos una medida objetiva de los niveles, desconocemos el efecto en el aprendizaje y la memoria del procesamiento en cada uno (Baddeley, 1978; Nelson, 1977). EI tiempo es un criterio pobre, puesto que algunos procesos superficiales (por ejemplo, "¿tiene esta palabra la siguiente secuencia de letras: consonante-vocal-consonante-consonante-vocal-consonante?") pueden durar más que los semánticos ("¿es una especie de ave?"); ven el mismo  nivel, tampoco es un indicador de la profundidad (Baddeley, 1978). La falta de la clara comprensión de los niveles limita la utilidad de esta corriente para explicar el aprendizaje y la memoria del hombre.

Resolver estas cuestiones quizá requiera combinar los niveles de procesamiento con la idea de dos almacenes para perfeccionar el modelo de la memoria. Por ejemplo, tal vez la información de la MT se relaciona con los conocimientos de la MLP de manera o bien superficial o bien más elaborada. Además, podría resultar que cada uno de los almacenes de la memoria tuviera niveles. La codificación semántica en la MLP podría originar una red de información más extensa y una forma más significativa de recordarla que la codificación superficial o fonológica.