Este articulo es tomado de una publicación del Periódico El País del 27 de Septiembre de 2015.
“Cuando abro mis ojos al levantarme cada mañana, no me encuentro ante el
mundo, sino ante infinitas posibilidades de mundos” Colin Wilson
Acostumbrados a seguir los cambios del mundo a través de las noticias,
podemos llegar a creer que las cosas que suceden son totalmente ajenas a
nosotros, y que lo único que podemos hacer es adaptarnos a las circunstancias.
Si son adversas, entonces solo cabe aguardar que cambien. Esta espera de
tiempos mejores obvia un hecho relevante: cada persona, con sus pensamientos y
actos, tiene un notable poder para configurar su realidad.
Como reza una ley del mítico Hermes Trimegisto, “si tú cambias, todo
cambia”. En nuestras manos está decidir nuestras expectativas y el tipo de
relación que establecemos con el mundo, lo cual acaba definiendo en gran parte
cómo será nuestra vida. En un nivel inconsciente, nuestra mente guía nuestros
actos para ayudar a que aquello que creemos que sucederá pueda hacerse
realidad. Por consiguiente, aquella persona que está convencida de seducir a
alguien o de realizar una venta, por poner dos ejemplos, tiene una probabilidad
mucho mayor que quien tiene la expectativa opuesta.
Es lo que el sociólogo Robert K. Merton llamó profecía autocumplida.
Nuestra conducta está condicionada por lo que prevemos que sucederá. Así,
tomando uno de los ejemplos anteriores, el comercial que está seguro de poder
cerrar la venta actúa con una serenidad y convicción que dan la confianza
necesaria al cliente para aceptar el trato, mientras que quien se programa
esperando el fracaso actuará de forma dubitativa y nerviosa, transmitiendo ese
mismo mensaje al comprador, que se pondrá a la defensiva.
En su libro ¿Y tú qué crees?, Eva Sandoval explica de este modo
cómo actúa nuestra programación para el éxito o el fracaso: “Hay muchas
personas que no ven satisfechos sus deseos, que viven un proyecto fallido tras
otro, que, pese a hacer terapia, leer libros y asistir a seminarios, sienten
que están como al principio. Llegan a pensar que tienen mala suerte, que les
falta algo que otros tienen… Sin embargo, su suerte raramente cambiará a no ser
que tomen conciencia de las creencias limitadoras que condicionan su vida”.
Algunas de estas creencias limitadoras, ocultas en el inconsciente pero
activas, serían:
- No merezco que las cosas me vayan bien.
- Hay otras personas mucho más capacitadas que yo para esto.
- Si lo consigo, los demás me envidiarán y perderé su aprecio.
Hay innumerables mensajes de autoboicoteo
como estos que condicionan lo que decimos y hacemos y que, por tanto, nos
procuran resultados negativos. No obstante, si tomamos conciencia de ellos,
tenemos la oportunidad de cambiarlos y, de este modo, dar un giro a nuestro
destino.
Hay dos maneras básicas de abordar nuestra existencia: en clave de
carencias (aquello que nos falta) o en clave de oportunidades (aquello que se
nos ofrece). Según donde fijemos la mirada, estaremos facilitando que suceda
una u otra clase de cosas.
Según el escritor y conferenciante Brian Tracy, “uno no obtiene en la
vida lo que quiere, sino lo que espera. Nunca podemos alzarnos por encima de
las expectativas que tenemos de nosotros mismos. Y la buena noticia es que
podemos construir las nuestras propias. Una actitud de expectativa positiva es
la marca de la personalidad superior”.
Un enfoque favorable sobre los acontecimientos implica no solo confiar
en uno mismo, sino también en la disposición de los demás para colaborar con
nosotros y ayudarnos en nuestro camino.
Detrás de muchas experiencias de fracaso está la profecía autocumplida
de que no encontraremos apoyos para lo que nos hemos propuesto o, peor aún, que
el resto del mundo hará lo imposible para intentar frenarnos. Pero antes de que
eso suceda, la mente inconsciente ya se encarga de dinamitar el camino hacia la
consecución de nuestra meta. Así, podemos decirnos a nosotros mismos y a los
demás: “¿Lo ves? Ya te decía yo que pasaría”.
Esta actitud de autoboicoteo es inconsciente, por lo que basta con
darnos cuenta de que operamos a través de ella para dar la vuelta a nuestra
programación. Tal como afirma Brian Tracy en su libro El camino hacia la
riqueza, “como solamente usted puede dominar sus pensamientos, se encuentra en
total control de su vida. Si desea cambiarla en el plano exterior, solamente
tiene que ponerse a trabajar para cambiar su interior. Según las leyes
universales de la mente, en la medida en que su mundo interior cambie, el mundo
exterior también cambiará para adaptarse al primero”.
Un relato tradicional glosado por Paulo Coelho cuenta que Abel y Caín
llegaron a un gran lago y se acercaron a la orilla para contemplar sus aguas.
–Aquí dentro hay alguien –comentó Abel a su hermano, sin darse cuenta de
que estaba viendo su propio reflejo.
Puesto en alerta por si se trataba de
alguna criatura amenazadora, Caín levantó su bastón y se asomó a las aguas. Al
ver que la imagen hacía lo mismo, permaneció muy quieto esperando el golpe.
A su lado, Abel miraba su propia imagen en el lago, que le regaló una
sonrisa. Eso le provocó una carcajada, y el ser del lago hizo lo mismo.
Al alejarse de allí, cada uno de los hermanos se fue con una experiencia
opuesta. Caín se decía: “¡Qué violentos son los seres que viven en el lago!”
Por su parte, Abel pensaba: “¡Qué lugar tan agradable! En el lago viven
seres amables y risueños”.
Esta fábula ilustra de forma reveladora cómo nuestras relaciones con los demás están marcadas por nuestras ideas preconcebidas. La persona que ve a todo el mundo como una amenaza actúa con tal desconfianza y agresividad que provoca esas mismas actitudes por parte de los demás. En cambio, si mostramos una expectativa de bondad y colaboración, atraeremos a personas de ese mismo signo.
Esta fábula ilustra de forma reveladora cómo nuestras relaciones con los demás están marcadas por nuestras ideas preconcebidas. La persona que ve a todo el mundo como una amenaza actúa con tal desconfianza y agresividad que provoca esas mismas actitudes por parte de los demás. En cambio, si mostramos una expectativa de bondad y colaboración, atraeremos a personas de ese mismo signo.
Para transformar nuestra existencia en algo mucho mejor no basta con modelar
solo nuestra mente, confiándolo todo a la ley de la atracción. Ese cambio
fundamental no producirá frutos si no lo acompañamos de la creación de nuevas
circunstancias.
Tal como explicaba Álex Rovira al analizar las claves de su primer best
seller: “Si ahora no tenemos buena suerte, tal vez sea porque las
circunstancias son las mismas de siempre. Para que aparezca la buena suerte es
conveniente crear nuevas circunstancias, y lo mejor para ello es fijarse en los
errores. El error es la base del cambio, y eso es importantísimo. Charles
Darwin, por ejemplo, siempre llevaba una libreta encima para anotar todo
aquello que no le cuadraba. Sabía que, de lo contrario, el subconsciente haría
que lo olvidara. Darwin entendió que inspirándose en el error podría conseguir
su objetivo. De esta libreta salieron las ideas de su libro La evolución
de las especies”.
Además de optar por un enfoque positivo de la realidad, estando atentos
a las oportunidades, si nos comunicamos y actuamos mejor, estaremos creando
nuevas circunstancias que nos procurarán resultados más favorables.
Para aumentar la calidad de nuestra vida hemos de empezar cambiando el
escenario de nuestros pensamientos y nuestros actos, en lugar de perder tiempo
y energía señalando enemigos o tratando de cambiar a los demás.
Bibliografía
http://elpais.com/elpais/2015/09/24/eps/1443089520_324861.html
Bibliografía
http://elpais.com/elpais/2015/09/24/eps/1443089520_324861.html
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