El siguiente articulo es tomado de una publicación del Periódico El País, del 07 de Noviembre de 2015.
Herry Turkle quiere abrir un debate sobre el arte de conversar. Esta psicóloga estadounidense del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), una de las grandes analistas de la digitalización de nuestras vidas, quiere saber por qué cada vez nos comunicamos más a través de dispositivos móviles en lugar de hacerlo cara a cara, por qué elegimos enviar mensajes de texto y llamamos menos, y por qué chateamos con un amigo mientras estamos sentados en la mesa con nuestros hijos a la hora de la cena.
Herry Turkle quiere abrir un debate sobre el arte de conversar. Esta psicóloga estadounidense del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), una de las grandes analistas de la digitalización de nuestras vidas, quiere saber por qué cada vez nos comunicamos más a través de dispositivos móviles en lugar de hacerlo cara a cara, por qué elegimos enviar mensajes de texto y llamamos menos, y por qué chateamos con un amigo mientras estamos sentados en la mesa con nuestros hijos a la hora de la cena.
¿Está en crisis el arte de conversar? La pregunta inspiró la
investigación que dio lugar al libro Reclaiming Conversation, el
último trabajo de Turkle, que lleva tres décadas estudiando cómo nos adaptamos
a los avances de la tecnología y su influencia en nuestras relaciones. La
autora representa hoy al sector más moderado y realista de un contexto en el
que estamos más acostumbrados a oír a los extremos. Turkle no cree que la
tecnología sea el problema, sino cómo la utilizamos, y propone que hagamos un
uso “deliberado” de nuestros dispositivos.
La experta habla del padre que acompaña a su hija de siete años a una
excursión del colegio y se da cuenta de que ha pasado una hora actualizando con
fotos su perfil de Facebook, pero no ha hablado ni una sola vez con la niña.
Del joven que admite que mira el teléfono por si tiene mensajes de sus amigos,
pero que en ausencia de actualizaciones, entra en Twitter, Instagram o
Facebook, “lugares familiares” para él. “En ese momento el teléfono es mi
amigo”, explica. O de la universitaria que reconoce que, al saber que ha
fallecido el familiar de una amiga, le enviará un correo electrónico, pero no
le llamará por teléfono “porque le interrumpiría”.
Los adultos estadounidenses consultan
de media su teléfono cada seis minutos y medio. “¿Por qué pasamos tanto tiempo
mandando mensajes y aun así nos sentimos tan desconectados de los demás?”,
pregunta Turkle. La respuesta, según ella, está tanto en la falta de
conversaciones cara a cara como en la cantidad de veces que las abandonamos
para mirar un teléfono. “Se nos ha olvidado que hay una nueva generación que ha
crecido sin saber lo que es una conversación ininterrumpida”, asegura.
“La tecnología está aquí para quedarse, con todas las maravillas que
aporta, pero es el momento de considerar cómo afecta a otras cosas que
apreciamos”, dice. Uno de los riesgos, según Turkle, es que podemos perder una
cualidad esencial en las relaciones humanas: la empatía. “Cada vez que
consultas tu teléfono en presencia de otras personas, estimulas tus neuronas,
pero también te pierdes lo que tu amigo, tu profesor, tu pareja o tu familiar
te acaba de decir”.
La experta asegura que la
conversación, el lugar donde escuchamos y conocemos al otro, es el espacio que
representa más riesgos. “Nos escondemos unos de otros porque es más fácil componer
y editar un mensaje” digital que “la conversación espontánea donde podemos
estar presentes y ser vulnerables”. Algunos de sus entrevistados reconocen que
prefieren “enviar un mensaje” antes que tener una conversación “incómoda” con
otra persona “en la que no pueden controlar lo que van a decir”.
Frente a la visión escéptica de Turkle, el debate sobre las bondades,
supuestas o no, del mundo online ha inspirado grandes defensas
por parte de otros dos expertos estadounidenses. El profesor neoyorquino Jeff Jarvis
describe la Red como una “gran oportunidad para aumentar la transparencia”.
Jarvis creó su primer blog el mismo día que cayeron las Torres Gemelas en los
atentados del 11 de Septiembre de 2001. Desde entonces defiende que la
comunicación a través de internet no lleva a la soledad, sino que está
alimentando una cultura de compartir sin precedentes y de “fabricar
relaciones”. Y estas relaciones son, según su colega Clay Shirky, el verdadero
potencial de Internet. Sus ideas, desarrolladas en obras como Excedente
Cognitivo o Here Comes Everybody, estas herramientas
permiten dar rienda suelta a nuestras ansiedades humanas ancestrales de
compartir, de relacionarse, de cooperar, de ser creativos.
Turkle abarca en su investigación
todo tipo de conversaciones, con nosotros mismos, con nuestra familia y amigos,
con nuestra pareja, nuestros profesores o nuestros compañeros de trabajo y con
el resto de la sociedad. Turkle alerta de que “nos está silenciando la
tecnología” y que los teléfonos, ordenadores y tabletas nos han ayudado a
alejarnos del cara a cara. “Incluso un teléfono en silencio inhibe la
conversación”. El atractivo de la interacción digital es la promesa de que
cumple tres de nuestros deseos: “Que siempre se nos va a escuchar, que podemos
prestar atención donde y cuando queramos, y que nunca tendremos que estar
solos”.
La autora reconoce que gran parte de la dependencia de los dispositivos
móviles se debe al fenómeno conocido como ‘FOMO’ -Fear of missing out- el miedo
a perdernos lo que ocurre mientras estamos desconectados. Pero alerta de que,
llevado al extremo, condena a los usuarios hacer constantemente varias cosas a
la vez: consultar el teléfono durante la cena con la familia, responder emails
durante una reunión, borrar mensajes en un semáforo. “Cuando pensamos que
hacemos multitasking, en realidad nuestro cerebro se mueve rápidamente de una
tarea a otra y nuestra efectividad decae con cada cosa que añadimos”, escribe.
BIBLIOGRAFIA
http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2015/11/04/actualidad/1446650640_828874.html


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